domingo, 15 de abril de 2012

Diarrea Sentimental


A decir verdad, estas pueden ser para mi las palabras que mas me cuestan escribir, quizás es por eso que me demore tanto en terminarlo. Comenzaré sin ningún principio, solo dejare que fluya. ¿De qué te avergüenzas? Minutos después de aquella pregunta vives lo llamado ‘vomito verbal’. Me enamoré. ¿Y qué fue lo que pasó? Nada, eso fue lo que más paso. Todo lo que pude permitir que pasara lo evite sintiendo miedo de enamorarme cuando ya era cotidiano y algo repetido sentir ese horrible cosquilleo en el estómago junto a una manzana atravesada en la garganta. No entiendo como pueden decir que es algo hermoso, yo lo sentí como lo más horrible, pero en algunos momentos pudo verse y sentirse como lo más horriblemente hermoso (no dejaré de reconocerlo). ¿Estúpido, cierto? Ahora ya comprendo el propósito de la metáfora “siento mariposas en el estomago”, debido a que estos insectos nos dejan mayormente maravillados con la belleza de sus alas, sin embargo cuando decides dar algunos pasos más cerca para poder ver con más claridad lo que ocultan esos hermosos y vistosos colores quieres salir corriendo de miedo lo más pronto posible. ¿Irónico no? Lo que se pinta de bello se convierte en algo aterrador en el momento en que uno decide acercarse. Tienes miedo de algo que inició viéndose tan bello pueda hacerte daño. Así fue mas o menos  la diarrea sentimental que a mi me dio, yendo y huyendo de la mariposa mas colorida y libre. Por esta misma razón es que hoy se cumplen 70 noches sin dormir para mi, debía escribir algo en memoria de aquel hecho. Presentía que esto dolería, molestaría, y a la misma vez alegraría; pero jamás me imagine que me atacara tan fuerte. ¿Cómo podría yo haberlo sabido? Fui primeriza en esto, no entendía todo lo que abarcaba; y por otro lado, no tenía interés en averiguarlo (miedo). Ahora ya sé que significa enamorarse sin necesidad de consultar al diccionario, cuál es la causa de toda esa torpeza que se daba al estar junto a esa persona, aquella sonrisa que alguien podía pintar en tu rostro con indeleble dejando a una desarmada, aquel escalofrío que sentía cuando lo sentía muy cerca, esa fuerza que te hace expresarte hacia él  con palabras cursis y poco reales que en algún tiempo atrás al escucharlas te generaban ganas de vomitar, y aquel nudo en la garganta que se generaba al querer decir algo cuando él esta cerca. En mi defensa, yo no lo busque, como diría el chavo: fue sin querer queriendo; solo se dio, y al saberlo ya no podía hacer nada. Me hubiera encantado saber un poco antes de la existencia de esta hermosa postura a la que he decidido atarme desde hace algunos días: filofobia. No, no le tengo miedo a la filosofía; a decir verdad, hasta ahora no comprendo del todo lo que abarca ese tema, me parece algo confuso a pesar de que me encante usar esa palabra en mis relatos o mas de manera mas personal en mi diario. En realidad, las personas filofóbicas son aquellas  que tienen miedo a enamorarse. ¿Y por qué no? Es horrible, y no lo pensaría dos veces al defender sus ideologías. En algunos casos es mejor alejarse que tratar de convivir con algo que para algunos no es lo mejor, como yo. Por el momento, permaneceré en esa postura, tengo esperanzas de que pueda resultar, es mejor solucionar los problemas del mismo corazón, o en este caso de la mente (Estas de lo mejor y se te da por enamorarte, ¡en que mundo!). Y bueno, por el otro asunto solo tengo una palabra que describe todo: Adiós.